Dicen que no hay que correr y que cuando llueve, tienes que dejar que las
gotas acaricien tu piel y se resbalen por tu espalda. Que hay que caminar
descalzo, para sentir la hierba al andar y notar el trazo del camino.
Cuentan que hay que cerrar los ojos y sentir lo que la vida te regala y
confiar donde los sentimientos te guíen y el corazón te lleve...
