Ven al mio


 "Cuando tu mundo se desmorone ven al mio..."
Costa Rica.

Mensaje a sangre

"Como quien encuentra rostros en las manchas de humedad
trato de encontrar señales en las heridas.
Indicios de una tormenta de antorchas y aquelarres,
asalto a los palacios, coronas para borrachos que caminan descalzos.

Aún hay tiempo.

Por eso te ansío, te deseo, te adoro con irá
te espero como mascarón de proa, buscando el parpadeo de tu luz,
faro solemme, mi verdadero dios, alienígena nacido en esta tierra,
hombre, mujer que sueña, zarza ardiendo que viaja en autobús,
que llora en la cola del paro, que cierra los puños,
que grita encolerizado exigiendo lo que es suyo:
el mañana"...

Sigo de viaje, tratando de abrir las jaulas y los cielos. Conociendo gente hermosa, superviviente de muchas guerras internas. Porque "lo que no te mata te hace mas fuerte" o eso se escribe a sangre en su pecho Robert, mutilado por la existencia y con muchas historias que contar...

Texto: Ismael Serrano. Foto: Montezuma, Costa Rica.

La certeza


De todo quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir,
la certeza de que sería interrumpido antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente,
de la búsqueda... un encuentro.

Poesia Fernando Pessoa. Cabo Blanco, Costa Rica.

Buscando Itaca



Cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni el colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensares elevado,
si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

No los encontraras si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.

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Ten siempre el Itaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Más no apresures nunca el viaje...


Versos de Cavafis. Foto Playa Santa Teresa, Costa Rica.

Código genético del tiempo





















En el código genético del tiempo el final de un ciclo ha llegado.

Comienza la quinta luna en el calendario Maya, 5.125 años de cambios, de esperanzas y de nuevos augurios.

Dicen que el poder energético se consolida para transformarse en algo mejor. Que la “Pachamama” se comunica, nos transmite la vibra y se concentran la energías.

En muchas poblaciones  del mundo (en especial, los lugares sagrados de los Mayas, en Latinoamérica) han festejado este cambio de cambios… dicen que no hay que dejar de mirar, ni de vibrar… y que todos somos hijos del maíz. 

No sé si será o no, o si el cambio es global o sólo algo interno, personal e intransferible (como el ADN)…Sea como sea, si el final del mundo llega, que nos agarre bailando, entre estrellas fugaces y abrazos esporádicos.

Tierra mi cuerpo, agua mi sangre, aire mi aliento y fuego mi espíritu...
Despedida del año viejo en la playa de Sámara (Costa Rica), Guanared.

La búsqueda

Dicen que no hay que correr y que cuando llueve, tienes que dejar que las gotas acaricien tu piel y se resbalen por tu espalda. Que hay que caminar descalzo, para sentir la hierba al andar y notar el trazo del camino.
Cuentan que hay que cerrar los ojos y sentir lo que la vida te regala y confiar donde los sentimientos te guíen y el corazón te lleve...

La calma


Cuando los sentimientos se emborrachan y forman una pandemia de los sentidos.
Toca parar, observar y esperar.
La calma llega tranquila, como un atardecer al otro lado del oceano.


De ida y vuelta...




Un viaje es de ida y vuelta y muere allí donde se inició…

Como aquel primer viaje, donde Gilgamesh (rey de Uruk) y Enkidu, conocieron el dolor que nos hace humanos y que nos une a los demás. En los viajes (mentales o no) se retorna siempre desde donde se parte, pero no sé regresa incólume de la experiencia.

Como si se tratase de una metáfora de la vida, el viaje conlleva una metamorfosis,  porque no sabemos quienes somos hasta que no emprendemos un viaje con nosotros mismos.

Dicen , que no se debe partir persiguiendo un objetivo, sino con el equipaje ligero, sin nada que esperar. Sólo quien nada espera, encuentra lo que se escapa a quienes dicen saber lo que buscan.

Al final, un viaje, real o soñado, es lo único que nos queda…